¿Carnes rojas, lácteos? No thanks!



Aquí mi historia del porqué, cuándo y cómo, dejé de comer carnes rojas y lácteos (en realidad hago esta entrada para que cuando me vuelvan a preguntar mandarles este link por WhatsApp porque ya te estoy hartica de explicar) Dato: Luego de dejar estos dos tipos de alimentos descubrí que había tomado la mejor decisión de mi vida, pues ¡madre mía! cuánto daño pueden hacernos a nosotros y al medio ambiente… En fin, todo empezó en el 2018 cuando me adentre oficialmente a este mundo de lo saludable (aunque exageré en su momento y caí en un desorden alimenticio, pero esa es otra historia) Siempre me ha llamado la atención, el cómo la alimentación puede influir en nuestro cuerpo, especialmente porque desde el 2016 en mi vida reinaba las enfermedades gastrointestinales y nunca lograba calmar esa molestia. Empecé a encargarme, aprendí a cocinarme y a cumplir con un régimen alimenticio, me recomendaban estar muy atenta a cómo me sentía después de cada comida para detectar que me causaba acidez, pesadez y un sin fin de cosas. Pues así fue, empecé a notar que, cada vez que consumía carnes rojas, era inmediato el malestar; me caía pésimo, tardaba horas para digerirla. Evidentemente, como antes de cumplir una dieta, comer carne era mi día a día, no detectaba lo mal que me hacía; pensaba que era el simple hecho de EXISTIR.


Cuando reduje mi consumo de carnes rojas, fue casi inmediata mi mejoría, pero algo seguía ocurriendo en mi, seguían mis malestares, cosa que se intensificó al año, pues había dejado las carnes rojas y adoptado una “dieta flexible” me daba, de vez en cuando, ciertos “gustos” como tortas, pizzas, comida copiosas, en fin… puse en practica, de nuevo, el ser atenta a lo que ingería y después de tanto, decidí dejar el queso, la leche, los helados, en fin, lo que tuviese lácteos, a ver que tal…

BOM! Mi mamá me cuenta que de niña era intolerante a la lactosa y no es hasta mis 20 años que me entero de esto, para ser sincera dejar el queso y las carnes no me costó, pues sentirme bien es mi prioridad. Ya se podrán imaginar mi malestar al consumirlos que con gusto los dejé. Ahora bien, hay un antes y un después muy significativo, pero debo destacar algo: al menos dos veces al año consumo carnes pero en una dosis mínima como “para probar” al igual que los lácteos, hoy entiendo que sinceramente no los necesito para vivir y que gracias a muchos estudios podemos entender el daño que acarrean estos. Dudo llegar a ser vegetariana o vegana, pero si puede que termine siendo pescetariana (y con gusto) Aquí les comparto diversos artículos que seguro te darán mejor información.

VEGAFFINITY

BBC

PLAYGROUND

SABERVIVIR

Y en esta galería una pequeña muestra de cómo me alimento, sin lácteos ni carnes rojas.


PD: ¡QUÉ VIVA LA AUYAMA!